San Juan: El águila y su madre María

Cuando reflexionamos sobre la vida de San Juan, nos percatamos de los
privilegios fantásticos que recibió y que lo llevaron a convertirse en ese
"águila" que la Tradición ve en él. Juan fue primero discípulo de Juan
Bautista, luego discípulo de Jesús durante 3 años y después pasó unos veinte
años solo con la Virgen María, la que le ayudó a madurar ese Evangelio
sorprendente de clarividencia y de precisión que va enseguida a enseñar
oralmente durante cuarenta años, antes de recibir la gran revelación del
Apocalipsis que le dará una visión todavía más aguda del misterio de Cristo
a través de la meditación del misterio de la Encarnación, sobre el que Juan
medita durante largos años con la Virgen María.

El Papa Juan Pablo II insistió sobre ese momento importante en el que Jesús
va a confiar a su Madre el discípulo que amaba y en quien cada discípulo de
Cristo es invitado a reconocerse. «El nombre del discípulo era Juan. Es
precisamente él, Juan, hijo de Zebedeo, apóstol y evangelista, quien escuchó
las palabras de Cristo en la Cruz: «He aquí a tu madre». Antes Jesús le ha
dicho a su Madre: «Mujer, he aquí a tu Hijo». Este será un testamento
admirable.

Al separarse de este mundo, Cristo le da a su Madre un hombre que sería para
ella como un hijo: Juan. Él se lo confía. Y a raíz de ese don, de esa
entrega, María se convierte en la madre de Juan. La madre de Dios pasa a ser
la madre del hombre.

A partir de ese momento, Juan la toma consigo y se convierte en el guardián
de la Madre de su Maestro; es en efecto, para los hijos un derecho y un
deber tomar a cargo el cuidado de su madre; pero Juan es ante todo, por
voluntad de Jesús, el hijo de la Madre de Dios. Y a través de Juan, todo
hombre se convierte en hijo de ella.»


Jean-Paul II
Homilía de la messe du 13 mai 1982 à Fatima

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