Lo Maravilloso crea maravillas

Yo sé que lo maravilloso tiene sus excesos. Por creer en todo llega la noche de la desilusión en la que ya uno no cree en nada. Los incrédulos se reclutan entre los antiguos incrédulos, raramente entre los antiguos creyentes.

Conozco también la infinitud de Dios y te conozco Señor. Basta ver cómo has hecho la libélula de los estanques, el bosque de arces en otoño e incluso el resplandor de la luna de noviembre sobre el asfalto. Te empeñas, eres un perfeccionista, incansablemente retocas el universo. Tú que pusiste tanto de Ti para inventar un simple puerro, cómo debiste investirte para crear a la Madre de Tu Hijo. Ella debe ser una maravilla.

Así como la planta hace plantas, el perro hace perros, el hombre hace hombres, lo Maravilloso hace Maravillas. Lo contrario sería inaudito. 
 

Didier Decoin - La Santa Virgen tiene los ojos azules

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Haití

En Haití, la segunda mitad del año 1881 estuvo marcada por una terrible epidemia de viruela. La epidemia se declaró en el Cabo y después apareció en Puerto Príncipe, la capital. Pero hacia esa época una señora muy piadosa de Paris lleva un cuadro de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Como la devoción a la Virgen bajo esta advocación fuera desconocida en el país, al abad Kersuzan, párroco de la catedral se le vino la idea de llevar la imagen a Bel-Air, con piadosa solemnidad a fin de solicitarle a Nuestra Señora que cesara la epidemia.

Esto tuvo lugar el 05 de febrero de 1882, Monseñor Guillaux, obispo del lugar, a solicitud del párroco, salió con la santa imagen hasta llevarla delante de la puerta y en lo alto de la colina hizo con ella la señal de la cruz sobre la capital. Los asistentes tenían la convicción de que sus súplicas serían escuchadas. Al mes siguiente, la epidemia había desaparecido por completo. El Padre Kersuzan se convirtió en un ferviente admirador de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro: su parroquia siguió su ejemplo y pronto la ciudad entera comenzó la peregrinación hacia el cuadro de Nuestra Señora, cada año. 
 

P. A. Cabon, « El culto mariano en las Antillas y en la Guayana francesa »
en María (tome V), Beauchesne, 1958 

Un sueño realizado (II)

Al instante vi al lado de los niños a una Señora de aspecto majestuoso, llevaba un manto resplandeciente como el sol. Se acercó a mí, me hizo señal de que avanzara y me tomó de la mano con bondad: "¡Mira!", me dijo

Entonces me percaté que los niños habían desaparecido, en su lugar vi ahora una multitud de cabritos, perros, gatos, osos, y otros animales. "Ese es tu dominio. Con ellos vas a tener que trabajar. Sé humilde, valiente y fuerte: y lo mismo que ocurre con estos animales tú lo harás por mis hijos." En ese momento volví les ojos y en lugar de los animales salvajes apareció una cantidad de mansos corderos saltando, corriendo, balando alrededor de ese Hombre y de esa Mujer como si les quisieran rendir un homenaje.

Siempre en mi sueño, me puse a llorar y le rogaba a la Señora que me explicara de manera más clara, pues yo no comprendía todo lo que eso significaba. Ella me puso la mano sobre la cabeza y me dijo:"Lo comprenderás todo en su justo momento." Apenas hubo dicho esto, un ruido me despertó. Todo había desaparecido. Yo estaba estupefacto. Tenia la impresión de que las manos me dolían por los puñetazos que había distribuido y que el rostro me ardía de las bofetadas que me habían dado aquellos pilluelos. 
 

Don Bosco
Recuerdos Autobiográficos